Problemas de comportamiento y conducta

En la psicología infantil suele considerarse que el negativismo, la desobediencia y las rabietas son problemas de comportamiento o conducta. Antes de entrar a hablar de cada uno de ellos, es importante hacer una puntualización. El proceso de pasar de bebé a niño es largo y complejo, supone una serie de cambios físicos y evoluciones de nuestras estructuras cerebrales. No se puede pedir a un niño que se comporte como un adulto. Sencillamente, esto no es esperable ni deseable.

Los bebés y niños pequeños no paran, no entienden un no, luchan por sus deseos, se ofuscan cuando no entienden las negativas de los adultos y son básicamente egocéntricos. Esto es normal. Conforme van creciendo y les vamos informando con respeto y cariño de los límites de la vida en comunidad, poco a poco estas manifestaciones van reduciéndose y pueden llegar a mostrarse más razonables y empáticos.

Los psicólogos ayudamos a papás y a niños a sentirnos más cómodos, ayudamos a poner normas de forma razonable y enseñamos a los niños a manejar de forma socializada su frustración, enfado e irritabilidad.

Problemas emocionales

Un problema emocional no es lo mismo que un problema de conducta. Pero muchos problemas emocionales se expresan a través de problemas de comportamiento. Por este motivo, los psicólogos infantiles siempre vamos más allá de las conductas de los niños. Hay que descartar que el niño se porte mal porque se esté sintiendo mal.

Con los adultos ocurre lo mismo. En ocasiones hablamos mal, nos relacionamos mal o tenemos conductas problemáticas porque nos sentimos mal: detrás de una adicción, detrás de explosiones de ira… en ocasiones hay un malestar, un conflicto emocional. Por este motivo, si tu hijo se porta mal, en primer lugar pregúntale “¿qué te pasa?”, “¿tienes problemas con algún compañero o profesor?”, “¿te da miedo algo?”, “¿estás triste?”, “¿te da vergüenza algo?”, “¿alguien te está tratando mal?”.

Dificultades de aprendizaje

La expresión “dificultades de aprendizaje” es una expresión muy amplia relacionada con un grupo genérico de problemas y trastornos infantiles que se manifiestan en dificultades tanto en adquirir como usar: el habla, la lectura, la audición, el razonamiento o las habilidades matemáticas.

El tratamiento que el psicólogo infantil orquestará irá dirigido a abordar tres frentes: la intervención familiar para dotar a los padres de los recursos adecuados para hacer frente a las tareas escolares, la intervención individual con el niño para aumentar sus habilidades instrumentales y la intervención escolar, para recomendatar que se adapte el currículum a sus necesidades educativas especiales.

Fracaso escolar

Una de las áreas que mayor estrés genera en las familias con niños y niñas de cualquier edad es la relacionada con los estudios. Aunque “oficialmente” el concepto de fracaso escolar se utiliza únicamente para aquellos que no logran el título académico mínimo obligatorio de un sistema educativo, en la práctica se relaciona con el hecho de que un niño no es capaz de alcanzar el rendimiento esperado para su edad. Y esto se mide en suspensos al finalizar el curso escolar.

Cuando los suspensos llegan para quedarse, cuando se perpetúan en el tiempo, se ponen en marcha todos los recursos de la familia para hacer frente al tan temido fracaso escolar: horas codo a codo con el estudiante viviendo deberes y exámenes de nuevo en primera persona, premios y castigos, amenazas y sobornos, profesores particulares y academias…

Todo ello no es en balde, puede que las notas mejoren, o puede que no, pero las relaciones familiares se tensan, pueden aparecer o acentuarse conductas agresivas,  problemas de comportamiento, la autoestima del niño se resiente…

Es muy importante realizar una detallada evaluación por parte de la psicóloga infantil para determinar qué factores están incidiendo en los malos resultados académicos. Sólo de esta forma podemos realizar un diagnóstico precoz y una intervención eficaz mediante pautas que ayuden al niño y a su familia a salir de esta situación.

TDAH o HIPERACTIVIDAD INFANTIL

El TDAH ha sido objeto de numerosas polémicas a lo largo de los últimos años, en gran medida porque su diagnóstico se basa en los síntomas que la familia y la escuela detectan en el niño.
Estos síntomas son hasta cierto punto comunes en todos los niños.

A la hora de evaluar a un niño del que se sospecha hiperactividad o déficit de atención, nuestra psicóloga procede de la siguiente manera: en primer lugar, la entrevista a ambos padres y recaba toda la información necesaria de la problemática del niño, inicio y evolución del problema, etc. Acto seguido pasa a evaluar al menor, intentando atribuir los síntomas que presenta a la causa más probable y descartando otras condiciones que pueden estar provocando síntomas familiares. Una vez realizada la evolución se procede a dar el diagnóstico tras una visita con el neuropediatra si se ha considerado conveniente.

Problemas de sueño

La mayoría de los trastornos del sueño en niños no son tales, y surgen de la discrepancia entre lo que nuestro hijo necesita dormir y lo que nosotros creemos que debería dormir. El sueño de los bebés y los niños, es un proceso evolutivo. Sobre los cuatro o cinco años, la mayoría de los niños duermen de tirón o reclaman esporádicamente a sus padres por la noche. Pero hasta ese momento pasan por muchas y variadas fases, en las que son normales los frecuentes despertares, los miedos, los deseos por estar en la cama de los padres, las dificultades para conciliar el sueño, etc.

Si estáis muy cansados o muy desesperados, nuestra psicóloga infantil puede ayudaros a adelantar un poco este proceso con medidas respetuosas con el niño. Por otro lado, en ocasiones existen verdaderos trastornos del sueño: terrores nocturnos (el niño está aterrorizado, con los ojos abiertos, ¡pero dormido!), pesadillas recurrentes, bruxismo (rechinar de dientes), sonambulismo, narcolepsia… En estos casos, es recomendable el asesoramiento por parte de un profesional de la psicología infantil.

Eneuresis y encopresis

Los psicólogos sabemos que si esperamos al momento oportuno, la mayoría de los niños aprenden a controlar sus esfínteres con facilidad. Ese momento apropiado aparece entre los dos y los tres años de edad, no importa si es al principio o al final de esta franja, con tal de que el niño está maduro para el aprendizaje.

Sin embargo, en ocasiones, los niños tienen problemas para controlar sus esfínteres. Hablamos de enuresis nocturna cuando los niños se hacen pipí en la cama con frecuencia y este problema persiste más allá de los cinco años de edad. A esta edad, la mayoría de los niños suele tener un correcto control de sus esfínteres tanto de día como de noche. Por lo tanto, en estos casos sería interesante asesorarse con especialistas en psicología infantil para encontrar la causa de este problema y buscar la mejor solución. La encopresis es la dificultad para controlar la defecación, y también requiere de atención especializada por parte de un psicólogo infantil. La encopresis y la eneuresis pueden ser primarias (dificultades para controlar desde el prinicipio) o secundarias (aparecen después de un adecuado control de esfínteres).