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POR QUÉ NOS RESULTA TAN DIFÍCIL MEDITAR

¿Qué es lo que ocurre con algo tan simple como es el estar sentado, quieto y observando nuestra respiración, que nos produce tanto pánico, miedo e incluso hostilidad? No importa cuántos estudios demuestren los beneficios mentales, emocionales y físicos que se derivan de la quietud, parece que hay un número aún mayor de personas que se resisten a comprobarlo.

Tras años de escuchar el gran repertorio de razones por las cuales a la gente le cuesta meditar, las hemos resumido en unas cuantas:

  1. Estoy demasiado ocupado. No tengo tiempo.

Nos parece que no tenemos tiempo sólo porque habitualmente nos empeñamos en llenar cada momento de nuestra vida con actividades y nunca pulsamos el botón de pausa.

  1. Me encuentro verdaderamente incómodo sentado, inmóvil, durante mucho rato.

Si intentas sentarte con las piernas cruzadas en el suelo, entonces sí, puede que llegue a ser incómodo. Pero en lugar de hacerlo así, puedes sentarte derecho en una silla firme y cómoda.

  1. Mi mente no deja de pensar.

¡No puedo meditar! ¡Simplemente no puedo! ¡Mi mente no se queda callada, va de un sitio a otro! ¡Mis pensamientos me vuelven loco! Estoy intentando escapar de mí mismo, no mirar hacia mi interior. ¿Suena familiar? Es sorprendente, pero cierto, que intentar que nuestra mente pare de pensar es como intentar parar el viento, imposible. De este modo, cuando vas a sentarte en quietud e intentas acallar la mente, encuentras que se produce esta actividad maniaca que resulta enloquecidamente ruidosa. En realidad no es nada nuevo, simplemente es que ahora te has dado cuenta, mientras que antes estabas inmerso en ello, sin darte cuenta de que tal parloteo fuera tan constante. La experiencia de notar la mente tan ocupada es muy normal.

  1. Hay demasiadas distracciones.

Hay demasiado ruido. Tenemos que lidiar con los ruidos y las imposiciones del mundo que nos rodea. El silencio que buscas está dentro, no fuera. La experiencia de estar en calma es acumulativa: cuanto más te sientas, poco a poco la mente se vuelve más silenciosa, más alegre, independientemente de cualquier distracción que pueda surgir.

  1. No le veo el beneficio.

Desafortunadamente, aquí es donde tienes que creernos. Algunas personas consiguen ver lo beneficiosa que es la meditación después de tan solo una sesión, pero a la mayoría nos lleva más tiempo, puede que notes la diferencia en una semana, o tal vez dos, de práctica diaria. Esto significa que tienes que confiar en el proceso lo suficiente como para seguir ahí y continuar avanzando, incluso antes de que consigas notar sus beneficios.

  1. No soy bueno en esto.

En realidad, es imposible fracasar al meditar. Incluso si te sientas 20 minutos pensando incesantemente cosas sin sentido, eso está bien. No hay una forma correcta o incorrecta y no hay una técnica especial. La meditación es un compañero a lo largo de la vida, como un viejo amigo al que acudir cuando necesitamos apoyo, inspiración, y claridad. ¡Es algo con lo que disfrutar!

  1. Todo esto no es más que una cosa rara de la Nueva Era que está de moda.

Ciertamente, es fácil perderse en el sinfín de promesas de felicidad eterna de la Nueva Era, pero la meditación en sí misma, es más antigua que las montañas. Por tanto, en esto no hay nada nuevo ni nada raro. En otras palabras, meditar no consiste en forzar la mente a que esté en absoluta quietud. Es más bien soltar la resistencia a aquello que pueda surgir: dudas, preocupaciones, incertidumbre y sentirse inadecuado, los incesantes dramas, miedo y deseo. Cada vez que encuentres que tu mente va a la deriva, sueña despierta, recuerda el pasado y planea el futuro, simplemente vuelve al ahora, vuelve a este momento. Todo lo que necesitas es prestar atención y estar con lo que ya es.

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